Hablando con la que hoy en día es mi gran hermana ha salido varias veces ese tema de conversación, los hombres y mi sexualidad. Como he dicho, al principio rehusaba cualquier pensamiento ya que mi “yo” era aún muy latente en mi pero con el tiempo hasta en eso he ido cambiando y se lo he dicho a ella, cada día pienso más como mujer, cada día me siento más mujer porque he aceptado mi condición y lo estoy asimilando, cosa que ha hecho de todo ello una liberación y si una vez que tuve un desliz homosexual con un hombre que conocí necesité ponerme unas botas con tacón alto para poder mantener relaciones sexuales sintiéndome así mujer hoy no lo necesito para nada. Mi hermana (se entiende que la no biológica y no quiero estar nombrándola ni por su nombre ni poniendo Gran Hermana todo el rato porque parecería que hablase de Mercedes Milá) conocía la historia de mi desliz homosexual ya que como he dicho durante nuestra relación de pareja había visto muchos detalles de mi persona y una noche me preguntó si había estado con algún tío y no había tenido más remedio que decirle la verdad y fue en una de nuestras rupturas, la segunda concretamente. (Nuestra relación habrá ido de aquella manera pero nunca nos hemos mentido y siempre la hemos basado en la sinceridad, si no, no estaría escribiendo todo esto y tampoco no tendría la relación que tengo ahora mismo con ella).
Hace relativamente poco en una de mis charlas telefónicas diarias con mi hermana le comenté que me estaban entrando muchas ganas de tener relaciones sexuales con hombres. El deseo venia de mi interior como el de un niño que espera el día de reyes para ver los regalos, era y es algo que aún no se explicar, algo superior a mi y que no se de que manera relatar porque simplemente es algo que deseo. Ella me dijo que muy bien, que todo esto y mas me ha de ir viniendo, que son cosas normales que tengo que ir viviendo y sintiendo porque en realidad no soy un hombre, que tengo la fachada pero es sólo eso… fachada; que soy una mujer que ha de salir y que todos esos sentimientos míos no es que sean nuevos sino que la tan potenciada máscara de mi “yo” había procurado mantener a buen recaudo y que cada vez necesitaré menos el tener que usar prendas femeninas para poder tener relaciones sexuales con hombres porque al desnudo sigo siendo una mujer aunque la corteza exterior aún no sea aparentemente femenina. Palabras que me decía y que yo sabía perfectamente sin que me lo dijese pero que necesitaba escuchar de ella porque para mi es como una aprobación por su parte, aprobación única que busco, de nadie más, solo de ella.
Mi gran hermana, la que me hace recordar aquel poema de Antonio Machado titulado caminante no hay camino:
Todo pasa y todo queda,
pero lo nuestro es pasar,
pasar haciendo caminos,
caminos sobre el mar.
Nunca persequí la gloria,
ni dejar en la memoria
de los hombres mi canción;
yo amo los mundos sutiles,
ingrávidos y gentiles,
como pompas de jabón.
Me gusta verlos pintarse
de sol y grana, volar
bajo el cielo azul, temblar
súbitamente y quebrarse...
Nunca perseguí la gloria.
Caminante, son tus huellas
el camino y nada más;
caminante, no hay camino,
se hace camino al andar.
Al andar se hace camino
y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar.
Caminante no hay camino
sino estelas en la mar...
Hace algún tiempo en ese lugar
donde hoy los bosques se visten de espinos
se oyó la voz de un poeta gritar
"Caminante no hay camino,
se hace camino al andar..."
Golpe a golpe, verso a verso...
Murió el poeta lejos del hogar.
Le cubre el polvo de un país vecino.
Al alejarse le vieron llorar.
"Caminante no hay camino,
se hace camino al andar..."
Golpe a golpe, verso a verso...
Cuando el jilguero no puede cantar.
Cuando el poeta es un peregrino,
cuando de nada nos sirve rezar.
"Caminante no hay camino,
se hace camino al andar..."
Golpe a golpe, verso a verso.





